Los Campos Elíseos, el Jardín de las Hespérides, la Atlántida,
las Islas Afortunadas... fueron las primeras denominaciones de
las Canarias.
Lanzarote tiene una historia legendaria.
En la Antigüedad, las Canarias se consideradan como unas islas
de clima suave situadas más allá de las Columnas de Hércules (el
Estrecho de Gibraltar).
Según la mitología antigua, las Canarias eran como los Campos
Elíseos o el Jardín de las Hespérides.
Allí se encontraba el árbol de las manzanas de oro de la eterna juventud.
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Platón y Plinio pensaban que las Canarias formaban parte de la Atlántida.
Las Canarias representaban, por tanto, el fin del mundo.
Los Romanos, descubridores de las Canarias, encontraron en las islas una gran cantidad de perros.
Canis, que significa “perro” en latín es probablemente el origen del nombre de Canarias.
Herodoto, Plutarco, Plinio, Ptolomeo, Horacio y Virgilio denominaban a las Canarias las islas Afortunadas (Fortunae Insulae).
El historiador romano Plinio el Antiguo, en el año 40 a. de C., dio a Lanzarote el nombre de “isla púrpura”, debido al colorante púrpura (Purpurariae) extraído de un líquen llamado orchilla.
Tabula Peutingeriana (alrededor del año 250)
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